El sincero y genuino afán de ayudar a una paciente de 35 años que había perdido la visión del ojo derecho cuando niña en un accidente con un objeto punzo cortante y que a la fecha estaba por perder la visión del ojo izquierdo, hace que siendo tan joven y madre de dos niños pequeños, me conmueva e intente ayudarle, regenerando el ojo accidentado.

En la segunda sesión la paciente podía leer a una distancia de 5 cm y la cicatriz visible en el iris comenzó a borrarse. Lamentablemente producto de problemas personales la paciente no pudo continuar el tratamiento.

Impresionada con el experimento otra paciente me comenta que tenía que hora para el oftalmólogo para retirar sus anteojos ópticos, le comento mis investigaciones y que necesito voluntarios, ella se ofreció de inmediato y comenzamos su tratamiento. Fue la primera paciente, para la segunda sesión ya mostraba claramente la disminución en un 40% la cicatriz que presentaba el iris del ojo derecho producto de un accidente a los ocho años donde había perdido en un 100% la visión. Para la quinta sesión a unos dos centímetros, la paciente podía ver letras grandes muy borrosas. Lamentablemente por motivos personales y familiares la paciente no regreso al tratamiento. No obstante contribuyo e impulsó con más fuerza y entusiasmó la investigación en el área oftalmológica.